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DANZAS CON CORO

 

Remembranzas de vidas pasadas

Guitarra, laúd, pandereta, mortero, almirez, violín, flauta... Son muchos los instrumentos tradicionales, más allá de la dulzaina y la caja, que se armonizar para dar lugar a canciones y melodías que recuerdan las estampas y escenas de antaño que se repetían en los pueblos y comarcas de nuestro territorio. 

 

El molinero/a y su mala fama, las canciones y bailes espontáneos en las tabernas, la labor en el campo, las lavanderas, religión, la vendimia... Las letras del repertorio del folklore castellano y leonés tratan de acercarnos una realidad pasada, algo alejada de nuestro imaginario actual, pero rica en contrastes, con una descripción costumbrista y en ocasiones picaresca de la sociedad rural y no tan rural de la región.    

También llamada Jota de quintos, esta pieza tiene reminiscencias del antiguo fandango castellano. Propia de tabernas y bodegas, era cantada de forma espontánea, con el acompañamiento de la guitarra tocada al estilo popular “rasgao”. Se usaba además todo tipo de menaje de cocina que pudiera servir para marcar el ritmo, como la botella, cucharas, etc.

A parte de El Bolero de Algodre de Zamora, también se rescataron otros boleros a principios del siglo XX en otras provincias de Castilla y León. Es el caso de Burgos, donde Federico Olmeda en su Cancionero Popular, recoge la partitura y letra de uno de ellos, llamado Bolero de Burgos, Bolero de Olmeda o Bolero de los Amores.

Danza muy animada que obtiene su melodía de la Jota de la Cruzada del Nuevo Mester de Juglaría. La letra de origen popular, se obtiene de la Jota Jerteña, natural de la provincia de Cáceres, aunque también tiene ciertas licencias del coro del grupo.

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La letra y melodía de esta canción proviene de la localidad burgalesa de Poza de la Sal, donde se halla un afloramiento salino, razón de ser de las costumbres y canciones que han surgido en este pueblo. Así, todas las estrofas y estribillos describen los lugares y la forma de vida de la población lugareña cuando estas salinas estaban en su máximo apogeo.

Esta danza describe otra de las costumbres y formas de pensar del entorno rural de antaño, cuando el trigo cosechado se llevaba a la molienda lo que daba a frecuentar el molino. Algo que en la picaresca castellana dio lugar a cantares y coplillas que aludían a esta labor pero también a lo que podía acontecer con el molinero.

En la montaña palentina y otras zonas del norte de España era común usar un calzado especial hecho de madera para las tareas del campo llamado madreña, parecido a los zuecos, con tres tacones, dos delanteros y uno trasero. El Grupo Pilarica en su compromiso con la difusión de costumbres tradicionales, trata de enseñar el uso de este calzado bailando una danza con ellos puestos.

Vista aérea de la ciudad

Canciones por un "folklore urbano"

Construyendo nuevas tradiciones

Al igual que nuestros antepasados configuraron un repertorio de canciones, danzas y costumbres para describir su entorno y su modo de vida, el Grupo Pilarica hace lo propio en un contexto de barrio urbano, muy distinto al que propició toda la cultura popular que hoy en día conocemos. Pues el folklore perfectamente puede ser urbano y describir y dejar constancia de los tiempos que actualmente nos toca vivir.

El barrio Pilarica, que durante el siglo XX crecía al mismo ritmo que la construcción y la industria de nuestra ciudad Valladolid, se llenó de una población joven y eminentemente rural. Al mismo tiempo, surgió en la Iglesia, símbolo del barrio, una nueva parroquia capitaneada por Buenaventura Alonso, que rápidamente convenció a unos pocos de esos jóvenes para formar un grupo de jotas.

Así nacimos y así somos en la actualidad. Fieles a nuestros orígenes y a una personalidad de un barrio obrero con una población ávida de integración. Un barrio y un grupo que no son nada el uno sin el otro. Fruto de este hermanamiento existe en nuestro repertorio, composiciones que imprimen la personalidad propia y las reivindicaciones histórica de La Pilarica. Todo ello sin dejar de lado la cultura propia de la urbe que nos cobija. 

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Creada por el grupo Pilarica en honor al Santo de Valladolid, San Pedro Regalado. La melodía se obtuvo de una pieza en la zona de El Barraco en la provincia de Ávila. Adaptada a esa melodía se creó la letra para ser cantada, tocada e interpretada con un baile de pasos punteados, elegantes giros y disposiciones en diferentes figuras que la convierten en una danza muy dinámica y vistosa. 

SEGUIDILLA Y JOTA DE VENTURA

Pieza compuesta en sentido homenaje a nuestro fundador Buenaventura Alonso, en cuya letra se profundiza en su sueños para que en el barrio Pilarica se bailara la jota castellana y no se olvidara la procedencia y las costumbres de muchos de sus habitantes de entonces.

La danza, cantada y bailada, se estructura en dos ritmos diferentes que describen el sentir de nuestro grupo: la seguidilla y la jota.

JOTA DEL CENTENARIO

Su nombre lo indica, esta pieza fue compuesta para celebrar los 100 años de la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Con una coreografía donde se aúnan muchos de los estilos de baile del grupo, desde paloteos a juegos con arcos, pasos de jotas y cambios continuos de figuras, esta danza también suma el sonido de la dulzaina y el coro, de tal forma que se reúnen en una misma pieza todos los componentes del grupo.

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JOTA EN CAMINO

Al nacer el grupo en el seno de la parroquia que comenzó con Buenaventura Alonso, se creó esta nueva pieza en 2018 por sus 50 cumpleaños. Su melodía y letra fue compuesta por el coro, y la coreografía cuenta con unos pasos de jotas compuestos, complejos y muy dinámicos. La indumentaria utilizada es la misma que la empleada en los Paloteos de Berrueces y la Espadaña